Los aranceles recíprocos de EE.UU. y las lecciones de la història
Juan Ricardo Fernández acl@consumidoreslibres.org | Viernes 04 abril, 2025

Juan Ricardo Fernández Ramírez
Presidente
Asociación de Consumidores Libres
acl@consumidoreslibres.org
En los años 60, los niveles de ingresos per cápita de los llamados "tigres asiáticos" (Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong y Singapur) eran similares a los de Costa Rica, rondando los $600. Mientras ellos se abrieron comercialmente al mundo, de forma unilateral, para industrializarse y generar desarrollo, los políticos de Costa Rica decidieron tomar el camino opuesto y más largo, siguiendo los lineamientos del fundador de la CEPAL, Raúl Prebisch, con sus teorías Centro-Periferia; Fernando Henrique Cardoso, sociólogo y político brasileño, con su Teoría de la Dependencia; y, como cereza del pastel, Eduardo Galeano, con su libro "Las venas abiertas de América Latina", publicado en 1971.
Estados Unidos también ha tenido períodos proteccionistas. La Ley Arancelaria Smoot-Hawley de 1930, que aumentó significativamente los aranceles, se considera un factor que agravó la Gran Depresión. Esta ley provocó represalias de otros países, reduciendo el comercio internacional y empeorando la crisis económica. Fue hasta después de la Segunda Guerra Mundial que EE.UU. promovió el libre comercio a través de acuerdos como el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), ahora la Organización Mundial del Comercio (OMC). Esta política tenía como objetivo expandir los mercados internacionales y promover el crecimiento económico global.
No he conocido economistas que no crean en las virtudes del libre comercio, o sea, la división del trabajo, la especialización, las ventajas comparativas y el enorme marco teórico y evidencia empírica. El Índice de Libertad Económica del Mundo (realizado por el Cato Institute DC y el Instituto Fraser de Canadá), que se ha realizado por décadas, evidencia la relación que hay entre prosperidad y libertad de comercio (entre otros factores, como moneda estable, finanzas públicas sanas, estado de derecho, regulación sana, derechos de propiedad y otros).
A pesar de lo anterior, los intereses empresariales y gremiales siempre se han impuesto sobre el bienestar general de la población, lo cual es cierto aquí y en otros países en diferente magnitud. Todos buscan refugiarse, con la ayuda del Estado, para evitar la competencia y generar ganancias extraordinarias del mal llamado proteccionismo.
Los aranceles (y otras barreras no arancelarias) distorsionan las señales del mercado de qué, cómo y para quién producir, desviando los escasos recursos de la producción a bienes artificialmente protegidos. El resultado fue la peor crisis económica de Costa Rica en los 80, que obligó al país a cambiar su modelo de desarrollo, mejor tarde que nunca. A pesar de esto, los grupos de interés no se quedaron de brazos cruzados.
Cuando se firmó el primer TLC con México, muchos (políticos y empresarios) indicaron que fue una negociación exitosa. Esto por haber logrado que los mexicanos abrieron su mercado más de lo que hicieron los ticos, que a su vez excluye una parte importante de productos. En otras palabras, los consumidores mexicanos se beneficiarían de comprar productos ticos más baratos, mientras a los ticos se les niega ese beneficio de comprar productos mexicanos, por más tiempo. Naciendo así el mercantilismo tico, que fue la estrategia de negociación en los subsiguientes TLC.
Hay quienes señalan que el presidente de EE.UU. utiliza los aranceles como una estrategia de negociación, lo cual tiene sentido al escuchar al Primer Ministro de Canadá decir que está dispuesto a eliminar todos los aranceles y obstáculos si Trump también lo hace. Esperemos que así sea. Por otro lado, Trump ha dicho que quiere sustituir el ingreso de la renta por aranceles, lo cual podría tener un impacto devastador en la economía mundial, ya que los mercados de valores reflejan la volatilidad de esa incertidumbre.
EE.UU. impone un arancel recíproco a Costa Rica del 10% aunque lo estima en un 17% ¿Qué hacer? Una economía pequeña no puede hacer una guerra comercial con la más grande del mundo. Lo que queda es ofrecer lo mismo que el Primer Ministro de Canadá: libre acceso a todos los productos de Estados Unidos. En nuestro caso, CAFTA-RD ya está bastante maduro. Esto debe implicar todas las partidas arancelarias en cero, eliminar barreras e incluso el 13% del impuesto al Valor Agregado (ellos lo incluyen como impuesto a la importación).
En conclusión, la búsqueda del máximo bienestar para la mayoría de la población debe ser el norte de cualquier política comercial. Como hemos visto, la eliminación de todo tipo de barreras al comercio se presenta como la estrategia más efectiva, independientemente de las acciones de socios comerciales como Estados Unidos. La experiencia de los Tigres Asiáticos en la década de 1960, quienes abrazaron el libre comercio para impulsar su desarrollo, nos recuerda que el camino hacia la prosperidad no reside en el proteccionismo, sino en la apertura y la competencia. Por lo tanto, Costa Rica debe persistir en la senda del libre comercio, aprendiendo de la historia y evitando los cantos de sirena proteccionistas que solo han demostrado obstaculizar el crecimiento y el bienestar general.